25 ene. 2010

EL VIGOR Y EL ASOMBRO DE LA CREACIÓN

Cómo referirnos a la creación, a lo inexplicable, y lo que es más difícil aún, plasmarlo en el arte, en la poesía, en la pintura. Sin embargo sólo el arte es capaz de llegar a la expresión de lo inefable, del instante fugaz en que a veces capturamos inexplicablemente lo eterno, a causa tal vez de que la eternidad, la permanencia, vive en el espíritu de cada hombre, de la misma manera que lo hace en todo ser viviente, animal o planta.

Además siempre se corre el riesgo de quedar en lo meramente pretencioso, en querer abarcar aquello que por su naturaleza debiera escapársenos de nuestros brazos, como un viento con voluntad propia, que no quiesiera ser atrapado. En todo caso, la única vía es la del corazón, la de la emoción elevada que intuye, a la que se representa la esencia última de la vida. Sobre todo, lo dicho es posible nada más que a través de la honestitad del artista, de su fidelidad a su obra, más allá de cualquier impostura o moda pasajera. A través de su sincero anhelo de búsqueda en sí mismo de aquello que ha existido siempre y que rebasa los límites de toda medida. Se trata de la inmensidad del universo y de sus puertas, que hay que franquear para llegar al misterio. Se trata en consecuencia del nacimiento constante de nuevos mundos, y de la renovación constante de la vida.

Sin embargo, Gómez Losada logra alcanzar todos estos difíciles objetivos a través de una pintura de veras mágica, dejándonos atónitos, colmados de asombro, como si fuéramos niños pequeños a los que el creador de todas las estrellas nos mostrara su maravilloso trabajo, al mismo tiempo que nos agarra de la mano para que no nos perdamos en sus dominios. A pesar de lo cual, es inevitable no querer perderse, fundirse en una ebriedad amorosa, en esos bosques brondosos, plenos de luces extrañas, en esas montañas donde se intuye un reino de paz, en esos fondos negros como la oscuridad donde se contiene toda la luz sin su negativo y contrario material. Miguel Gómez Losada es capaz de sumergirnos en ese caos primigenio, no desprovisto de armonía y vigor que precede en un instante al nacimiento del mundo y que se expresa en sus primeros momentos de vida, que no cesan nunca de producirse. Porque esta creación del mundo se produce ahora mismo en nuestro propio planeta, y en el interior mismo de Miguel también, pues su corazón es todo un universo por descubrir y crear de nuevo.

La pintura de Losada, es una invitación contagiosa a la construcción, a la esperanza, a la alegría, a la realización y materialización del amor en el hombre. Es como la serpiente sugerente de uno de sus cuadros, ascendiendo por el tronco del árbol. Esta serpiente es el símbolo del cambio que nos limpia y renueva.

Espero que sus cuadros, les interesen y conmuevan tanto como a mí.



RAFAEL ANTÚNEZ ARCE